Santo Tomás Becket
Arzobispo y mártir
Arzobispo y mártir
1118-70| Festividad: 29 de diciembre
1118-70| Festividad: 29 de diciembre
Ir contra el más alto poder político de una nación rara vez acaba bien, pero Dios nos llama a defender la verdad, sin importar la oposición… o las consecuencias. Tomás Becket se tomó esto muy a pecho cuando el rey de Inglaterra exigió lealtad a la corona antes que a Dios.
En 1155, como canciller del rey Enrique II en la Inglaterra medieval, Tomás supervisó la recaudación de los ingresos del rey. Una gran responsabilidad conllevaba una gran confianza por parte del rey, quien creyó que sería ventajoso nombrar a Tomás como arzobispo de Canterbury. Aunque él le advirtió al rey Enrique que quizá no aceptaría injerencias en los asuntos de la Iglesia, fue confirmado arzobispo y, en contra de los deseos del rey, dimitió como canciller en 1162.
Las tensiones entre el rey y Tomás fueron muy fuertes a partir de entonces, ya que el rey traspasó los límites de la Iglesia y el Estado. El rey Enrique quería que los clérigos acusados de delitos graves fueran juzgados en sus tribunales y no en los eclesiásticos. El conflicto llegó a un punto álgido en 1164, cuando Tomás se negó, pese a haber aceptado en un inicio, a sellar las Constituciones de Clarendon, un documento que afirmaba el dominio del rey sobre el clero y les negaba el derecho a ser juzgados por la Iglesia, lo que le acarreó cargos penales y un exilio de seis años. Durante este tiempo, Enrique hizo coronar a su hijo como arzobispo de York, sin la presencia del arzobispo de Canterbury, cuya prerrogativa era coronar al arzobispo de York. Becket excomulgó a los tres obispos que consagraron al hijo de Enrique. A Tomás se le permitió regresar a Inglaterra en 1170, pero el rey Enrique estaba furioso por los obispos que habían sido excomulgados. Cuatro caballeros interpretaron las quejas del rey como una orden real de “librar[le] de este cura turbulento”. Poco después, estos caballeros invadieron la catedral y asesinaron a Tomás durante las vísperas.
Tomás Becket fue canonizado sólo dos años después de su muerte. La catedral de Canterbury, el mismo lugar donde fue asesinado, albergó su santuario hasta 1538, cuando la Reforma arrasó Inglaterra y el rey Enrique VIII intentó suprimir la devoción a este valiente santo destruyendo el santuario. La túnica ensangrentada de Tomás fue devuelta a la catedral de Canterbury en 2020, en el 850.º aniversario de su asesinato, por el Papa Francisco.
