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 | Por Rachel Espinoza, Redactora jefe, FAITH Catholic

Una reflexión sobre la oración navideña

 

La Oración de Navidad Por San Juan XXIII

Oh, dulce Niño de Belén,

concede que podamos compartir con todo nuestro corazón

este profundo misterio de Navidad.

Pon en el corazón de los hombres y mujeres esta paz

que a veces buscan tan desesperadamente

y que sólo tú puedes darles.

Ayúdales a conocerse mejor

y a vivir como hermanos y hermanas,

hijos del mismo Padre.

Revélales también tu belleza, santidad y pureza.

Despierta en sus corazones

el amor y la gratitud por tu infinita bondad.

Únelos a todos con tu amor.

Y danos tu paz celestial.

Amén.


 

Este profundo misterio

“Oh, dulce Niño…” Para quienes han tenido el privilegio de sostener en brazos a un recién nacido, no hay nada más precioso ni más vulnerable que eso. Piense en el cuidado y la delicadeza con que hay que sostener la cabeza de un recién nacido mientras se lo acunas en tus brazos. En Navidad, celebramos que Dios, el Creador del universo, se dejó abrazar de esa manera. El “misterio profundo de la Navidad” es que el Todopoderoso se hace vulnerable por amor. En un mundo en el que los humanos buscan desesperadamente afirmar su poder o conseguir la paz mediante la fuerza económica o militar, San Juan XXIII nos invita a reflexionar e imitar a Dios, que, por amor, se hace pequeño y vulnerable. Es abrazando la humildad de Cristo como encontraremos la paz que sólo Dios puede ofrecer.

Hijos del mismo Padre

A lo largo de su vida, San Juan XXIII trabajó por el bien de todos, no sólo de los cristianos. Se le recuerda especialmente por su labor como nuncio papal en la obtención de visados y en la falsificación de certificados de bautismo para ayudar a los judíos que huían de la persecución nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Su oración de Navidad nos recuerda que, al unirse a nuestra humanidad en su Encarnación, Cristo nos hace a todos “hijos del mismo Padre”. Al compartir Cristo nuestra humanidad, estamos llamados a vivir como hermanos y hermanas.

Belleza, santidad y pureza

Dios es el hermoso, el santísimo. Al venir a vivir entre nosotros, Jesús nos da un modelo de santidad a seguir y despierta en nosotros la conciencia de la bondad de Dios. En esta Navidad, alegrémonos de que Dios nos haya mostrado el camino para vivir en el amor que conduce a su paz celestial.


Maria Cintorino es licenciada en teología. Sus escritos han aparecido en varias publicaciones, como Homiletic and Pastoral Review, Our Sunday Visitor y el National Catholic Register.

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