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 | Por Doug Culp

La dignidad del trabajo y los derechos de los trabajadores

Comenzamos nuestro examen de los temas de la Doctrina Social de la Iglesia con la idea de que ayuda a los individuos y a la sociedad a aplicar el mensaje del Evangelio a la vida social, económica y política para construir una sociedad más justa. La justicia, recordaremos, es la ordenación adecuada de las relaciones y la entrega de lo que se debe a Dios y a nuestro prójimo. Con esto en mente, consideremos los temas de la Doctrina Social de la Iglesia sobre la dignidad del trabajo y los derechos de los trabajadores.

 

La dignidad del trabajo

Para algunos, la idea de la dignidad del trabajo puede parecer realmente extraña. Aquellos explotados por condiciones laborales injustas o inseguras podrían considerar justificadamente que el trabajo es una monotonía, una carga o incluso una especie de prisión. Los que tienen un trabajo insatisfactorio o poco satisfactorio pueden ver el trabajo simplemente como un mal necesario o, en el mejor de los casos, como un medio para un fin como la supervivencia, el beneficio o incluso el poder.

Por el contrario, la Iglesia Católica enseña que el trabajo es un don de Dios. Hechos a imagen de Dios, expresamos nuestra dignidad a través del trabajo. El trabajo nos permite demostrar nuestro amor a Dios y al prójimo, participar en su acción creadora y santificar las actividades cotidianas de la vida. Además, el Catecismo de la Iglesia Católica (2428) señala que también es digno porque podemos ejercer y realizar el potencial inscrito en nuestra naturaleza, al menos en parte, a través del trabajo.

¿Qué hay del trabajo duro y la lucha?

Se puede replicar que, aunque era un don divino al principio, el trabajo cambió a raíz de la Caída. En Génesis 3,17-19, Dios declara que la humanidad debe trabajar y vivir del sudor de la frente debido a su desobediencia. En este relato, el trabajo se presenta como un castigo y una fuente de sufrimiento.

Sin embargo, incluso después de la Caída, el trabajo conserva su dignidad. Soportar las penurias asociadas al trabajo puede ser una forma de que cada uno de nosotros participe en la obra redentora de Cristo, quien sufrió la muerte por nuestra salvación. Así, incluso el trabajo penoso puede servir de invitación al autodesarrollo interior y de ocasión para recibir la gracia de Dios.

El trabajo y el trabajador

En el Evangelio de Marcos (2,27), Jesús dice célebremente que el sábado se hizo para la gente, no la gente para el sábado. La razón es que el sábado es otro regalo divino para la humanidad. Aunque tenemos el deber de honrar el sábado, este fue dado para beneficiarnos.

Por consiguiente, no debe sorprender que el catolicismo considere la relación entre el trabajo y el trabajador precisamente de la misma manera. El Catecismo (2428) lo dice clara y directamente: el trabajo es para las personas, no las personas para el trabajo. Esta es la relación justa o debidamente ordenada entre el trabajo y el trabajador y es fundamental para la postura de la Doctrina Social de la Iglesia sobre los derechos de los trabajadores.

Los derechos de los trabajadores

En resumen, el trabajo es un don divino que nos proporciona una forma de demostrar nuestro amor a Dios, participar en la acción creadora de Dios y en la obra redentora de Cristo, proveer para nuestras vidas y familias, servir a nuestros vecinos y desarrollar nuestro potencial. En consecuencia, la justicia exige que todo el mundo pueda obtener del trabajo los medios para lograr estas cosas. Esto significa que los trabajadores tienen derecho, por ejemplo, a un trabajo productivo, a un salario justo y equitativo, a condiciones laborales seguras, a tiempo para el descanso, a prestaciones sanitarias y de jubilación, a la sindicación y a la propiedad privada.

Por supuesto, unas relaciones correctamente ordenadas implican que estos derechos conllevan sus correspondientes responsabilidades. Por ejemplo, los trabajadores deben ofrecer una jornada de trabajo justa y ser buenos administradores de los recursos que se les confían. Además, según el Catecismo (2431-32), una sociedad justamente ordenada requiere que el Estado garantice la seguridad y vele por que se respeten los derechos humanos en el ámbito económico. Asimismo, los responsables de las empresas deben tener en cuenta “el bien de las personas y no sólo el aumento de los beneficios” y considerar los efectos económicos y ecológicos de su funcionamiento. 


 

Para más información

Si está interesado en saber más sobre la enseñanza de la Iglesia sobre la dignidad del trabajo y los derechos de los trabajadores, puede tener en cuenta dos documentos papales fundacionales. La Rerum Novarum del Papa León XIII en 1891 fue el primer documento papal que consideró estos temas. Noventa años después, en 1981, el Papa Juan Pablo II se basó en las enseñanzas de León XIII en Laborem Exercens. Ambos pueden consultarse en www.vatican.va.  


 

¿Quién ha dicho eso?

“[El] trabajo, el cual, por su procedencia inmediata de la persona humana, debe anteponerse a la posesión de los bienes exteriores, que por su misma naturaleza son de carácter instrumental”.

A. Papa León XIII

B. Papa Juan XXIII

C. Papa Juan Pablo II

D. Papa Pio VI

 

Respuesta: B - El Papa Juan XXIII en su encíclica de 1961 Mater et Magistra (107)


Doug Culp es el director de operaciones de las Obras Misionales Pontificias de Estados Unidos.

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