El progreso de Vayan y Hagan Discípulos e Into the Deep
Hace cinco años, la Diócesis de Madison lanzó “Vayan y Hagan Discípulos”, nuestra iniciativa evangelizadora para vivir la misión de la Iglesia. Hace dos años, lanzamos Into the Deep, nuestra reestructuración estratégica de parroquias para utilizar mejor nuestros recursos al servicio de la mision de ir y hacer discípulos.
Un esfuerzo diocesano de tal magnitud ha sido visionario, desafiante, lento en algunos aspectos, rápido en otros, generando oportunidades y cambios.
Es por eso que estamos buscando que la diócesis esté bien fortalecida en cuanto a liderazgo, estructuras y recursos para que nuestra Iglesia local pueda prosperar y florecer durante las próximas décadas, para que un número cada vez mayor de personas escuche el Evangelio, responda al llamado de Cristo, reciba los Sacramentos, viva la santidad y la virtud, acoja su vocación y santifique el mundo; en otras palabras, siendo discípulos que forman a otros discípulos.
Bendiciones y retos
Veo una gran esperanza en este momento crucial.
La asistencia a Misa, aunque lentamente, está aumentando. Más personas se unen a la Iglesia. Las familias jóvenes y la juventud acogen la fe con fervor y generosidad. Los sacerdotes trabajan en equipo y encuentran un apoyo mutuo renovado.
La catequesis familiar permite a los padres catequizar a sus hijos. Los sacerdotes, los diáconos y el personal parroquial y escolar se esfuerzan heroicamente por servir a nuestra gente en un mundo que está constantemente cambiando.
El Ministerio Hispano ha crecido considerablemente en toda la diócesis. Los servicios financieros y contables se han optimizado y son más eficientes.
Pronto tendremos una nueva catedral después de 20 años sin una. La evangelización está teniendo un impacto en muchas de nuestras parroquias, a medida que aceptamos el discipulado misionero.
Me regocijo por estas bendiciones de nueva vida y crecimiento.
También enfrentamos grandes desafíos.
La fusión de parroquias es un proceso complejo que requiere gran esfuerzo y paciencia, ya que integramos todos los aspectos de las actividades, el personal, las estructuras y las finanzas de varias parroquias. Este proceso ha revelado la fragilidad institucional y financiera de muchas parroquias y escuelas.
Nuestros sacerdotes tienen que recorrer distancias más largas, atender a más personas y edificios, y tratar de conocer a más feligreses.
Muchos miembros del personal parroquial se han jubilado o se han marchado, lo que deja una gran necesidad de liderazgo laico cualificado en muchos lugares. A algunas personas les resulta difícil adaptarse a los nuevos horarios de Misa, a los nuevos sacerdotes, a un equipo rotativo de sacerdotes, a la necesidad de viajar a otra parroquia u otros cambios.
Mirando hacia atrás y hacia adelante
En este momento de desafío y oportunidad, reflexionemos sobre el legado de nuestros antepasados que construyeron nuestra diócesis a lo largo de los últimos dos siglos.
Luchando contra la falta de sacerdotes y recursos materiales, y con la necesidad de viajar largas distancias a caballo o a pie, aquellos primeros líderes católicos sacrificaron mucho para sentar las bases de la Iglesia Católica aquí en nuestra diócesis.
Construyeron generosamente iglesias, escuelas, hospitales, conventos y seminarios para que nosotros, las futuras generaciones de creyentes, pudiéramos practicar nuestra fe católica, plenamente preparados para florecer y crecer en Cristo.
Del mismo modo, “Vayan y Hagan Discípulos” e Into the Deep son nuestras iniciativas a largo plazo para sentar las bases vitales para las futuras generaciones de católicos.
En medio de la complejidad de los Estados Unidos del siglo XXI, necesitamos pensar y actuar estratégicamente para que nuestros sacerdotes, líderes, feligreses y recursos estén bien posicionados no solo para sobrevivir a los cambios sociales y demográficos actuales, sino también para prosperar y crecer activamente en el futuro. Cuando pienso en “Vayan y Hagan Discípulos” e Into the Deep, pienso en 10, 20 o incluso 30 años. Sé que es difícil centrarse en un arco tan amplio de desarrollo institucional, pero debemos hacerlo si buscamos ser proactivos en lugar de reactivos.
Nuestras iniciativas actuales también nos desafían a concebir la Iglesia en términos más amplios que simplemente nuestra parroquia tradicional y singular, desconectada de todo lo demás.
La Iglesia es universal en su misión y visión, pero también muy localizada en la vida de cada diócesis.
Teológicamente, la Iglesia local es la diócesis, no solo la parroquia. Ya no podemos permitirnos quedarnos en nuestras islas parroquiales aisladas.
Juntos somos más santos, más fuertes, y más eficaces cuando podemos compartir recursos; eliminar el desperdicio y la duplicación; trabajar con más inteligencia, no con más esfuerzo; y empezar a colaborar dejando de competir. En Isaías 54, leemos: “Ensancha el espacio de tu tienda, sin demora despliega tus toldos, alarga tus cuerdas y refuerza tus estacas; porque te extenderás a derecha y a izquierda”.
El Señor nos está expandiendo en este momento, llamándonos a ampliar nuestra visión, a aumentar nuestra gratitud y generosidad, a imaginar la Iglesia de maneras más grandes y audaces, y a centrarnos en nuestra relación con Cristo como el significado, el propósito y la inspiración de todo lo que hacemos.
Extenderse es doloroso, pero es más saludable. Puede dejarnos doloridos y heridos, pero también nos permite alcanzar nuevas alturas y construir un futuro brillante y vibrante para nuestra querida diócesis, en el que cada persona tenga la valiosa oportunidad de conocer a Cristo y encontrar la salvación.
¡Esta visión espiritual es la gran inspiración que nos impulsa a seguir adelante!
