| Por El Obispo Donald J. Hying of Madison

Encontrando la paz a través de Dios

En tiempos de prueba, tribulación y sufrimiento, ¡Jesús busca consolarnos y fortalecernos!

Él quiere que le entreguemos todas nuestras penas, nuestras preguntas y nuestros temores.

Él quiere que los arrojemos al fuego de su Sagrado Corazón y nos renovemos en el amor inagotable y perfecto que Él tiene por nosotros.

El consuelo y la fortaleza bíblica

Cuando me siento agotado, ansioso o triste, recurro a tres pasajes de las Escrituras en busca de consuelo y fortaleza.

El primer pasaje es “Jesús calma la tempestad” (Marcos 4:35-40).

Los discípulos y Jesús cruzaban el mar de Galilea cuando una tormenta violenta los azotó. Jesús dormía en la barca.

Atemorizados, los discípulos lo despertaron; entonces el Señor reprende al viento y a las olas, y de momento sobreviene una gran calma en las aguas.

Muchos estudios bíblicos ofrecen comentarios sobre cómo, a través de los sacramentos, el Señor mora en nosotros mediante la gracia santificante; pero debemos primero despertar al Cristo dormido en nosotros mediante la oración, la virtud y la acción.

Cuando enfrentamos con una terrible cruz en nuestras vidas, clamamos al Señor para que Él despierte en nosotros y calme la tormenta en nuestros corazones.

El segundo pasaje es “Jesús camina sobre las aguas” (Mateo 14:22-33).

En este pasaje vemos a Jesús caminar hacia los discípulos sobre las aguas mientras ellos se enfrentan con unos vientos fuertes.

El Señor le pide a Pedro que camine sobre las aguas hacia Él.

Y todo está bien mientras Pedro mantiene la mirada fija en Jesús, pero cuando él siente el peligro del viento y las olas y se da cuenta de que en realidad está caminando sobre las aguas, lejos de la seguridad de la barca, y es cuando aparta la mirada del Señor que comienza a hundirse.

El Señor extiende la mano y salva a Pedro y nuevamente calma el viento y las olas.

Esta narración de la escritura nos anima a mantener siempre nuestra atención y nuestro corazón firmemente fijos en Jesús, sabiendo que Él puede hacer lo imposible.

También vemos aquí que el lugar más seguro no es en la barca sin Jesús, sino en el mar abierto con Él.

Esta convicción es tan contraria a nuestra sabiduría humana, pero nos recuerda que Jesús siempre nos alcanzará y nos salvará si tan solo tenemos seguimos caminando hacia Él.

El tercer pasaje es la Gran Comisión, “Jesús envía a sus apóstoles” (Mateo 28:20).

Antes de ascender al Cielo, el Señor comisiona a sus apóstoles a hacer discípulos de todas las naciones, a bautizar y enseñar, y luego les asegura que Él estará con ellos siempre hasta el fin de la historia.

Yo encuentro gran consuelo en esta última promesa del Señor.

A través de todas las tormentas, pruebas, persecuciones y sufrimientos que vemos en la Iglesia a largo de la historia, Jesús permanece firme con nosotros a través de la Iglesia, que Su Cuerpo y Su Esposa.

Justo cuando la Iglesia parece derrotada y aplastada, ella renace con fuerza y con certeza de que Cristo, por medio del Espíritu Santo, está verdaderamente con nosotros hasta el fin de los tiempos.

Así también, cuando nos sentimos aplastados y agotados por el sufrimiento, el Señor nos da la fuerza para cargar la cruz.

Esta sensación de la presencia constante y tranquilizadora del Señor me llena de paz.

Cómo acercarnos a Dios

Podemos ir a Misa todos los días, escuchar la Palabra del Señor y recibir la Sagrada Comunión.

Podemos adorar al Señor en el Santísimo Sacramento, encontrando sanación y fortaleza en Su gracia eterna.

Podemos confesarnos y recibir el perdón de nuestros pecados y alivio de nuestras cargas en este poderoso sacramento.

Podemos leer las Escrituras y sentir el poder, la verdad y la bendición de la acción y la predicación de Jesús, sabiendo que Él nos habla en este momento a través de Su Palabra sagrada.

Podemos elevar nuestra mente y corazón al Señor en cada lugar y momento en que nos encontremos y establecer contacto inmediato con el amor y la misericordia que fluyen del Sagrado Corazón.

Podemos estudiar la vida de los santos y encontrar inspiración, valor y fortaleza para convertirnos nosotros mismos en santos.  

En resumen, Dios nos ama tanto que nos ha dado múltiples medios eficaces para estar en constante relación y comunicación con Él, y para encontrar el consuelo y la paz que Él quiere compartir con nosotros, especialmente en esos momentos de prueba los cuales son tan difíciles y oscuros.

El Señor no nos promete una vida fácil ni cómoda.

Pero el Señor sí nos asegura Su presencia, Su paz y Su poder en medio de la tormenta.

Así que es importante que nos aferremos a esta seguridad bendecida mientras peregrinamos hacia la casa del Padre.