La Iglesia y los ángeles
La semana pasada celebramos litúrgicamente a los ángeles dos veces: la Fiesta de los tres Arcángeles, el 29 de septiembre, y la Conmemoración de los Ángeles Guardianes, el 2 de octubre.
Tanto el Antiguo Testamento como el Nuevo Testamento están repletos de apariciones angelicales, de figuras celestiales que sirven como mensajeros, mediadores y extensiones de la voluntad, la misericordia, la providencia, el poder y el cuidado de Dios.
Recordemos las visitas angelicales a Abraham y Sara, a Jacob, a los padres de Sansón, a Gedeón, a la Santísima Virgen María, a los pastores en Belén y a San Pedro cuando estuvo en la prisión.
Estos espíritus puros, creados por Dios, lo adoran perpetuamente en el Cielo y cumplen su propósito en la Tierra.
Los ángeles representan la verdad consoladora de que Dios vela por nuestra salvación y nuestro bienestar, que Él está presente en los acontecimientos humanos y que Su acción redentora es poderosa.
Conozcamos a los ángeles
El Catecismo de la Iglesia Católica afirma que “San Agustín dice respecto a ellos: ‘El nombre de ángel indica su oficio, no su naturaleza. Si preguntas por su naturaleza, te diré que es un espíritu; si preguntas por lo que hace, te diré que es un ángel’… Con todo su ser, los ángeles son servidores y mensajeros de Dios . . . En tanto que criaturas puramente espirituales, tienen inteligencia y voluntad: son criaturas personales e inmortales. Superan en perfección a todas las criaturas visibles. El resplandor de su gloria da testimonio de ello” (CIC 329-330).
El Arcángel Rafael, mencionado en el Libro de Tobías y patrono de nuestra diócesis, es un agente sanador, compasivo y protector en la vida de Tobías y su familia, protegiéndolos del peligro y guiándolos por el buen camino.
El Arcángel Gabriel es el mensajero supremo que trae la asombrosa noticia de la Encarnación a la Santísima Virgen María, además de comunicarle el nacimiento de Juan el Bautista a su padre Zacarías.
El drama y la belleza de la Anunciación han cautivado a artistas y poetas a lo largo de los siglos, con Gabriel frente a María, asombrada y maravillada.
El Arcángel Miguel aparece en el Apocalipsis, luchando contra Satanás y sus fuerzas malignas, expulsándolos del Cielo.
La Oración a San Miguel es una poderosa súplica a este guerrero angelical para que derrote el poder del diablo, el pecado y el mal.
La Iglesia Católica enseña que cada persona goza de la protección y guía de un ángel guardián personal, cuyo propósito es protegernos del peligro y el pecado, e inspirarnos y guiarnos a la santidad y al Cielo.
La fuente bíblica de esta creencia está en Mateo 18: “Cuídense de no despreciar a uno de estos pequeños, porque les digo que sus ángeles en el cielo siempre ven el rostro de mi Padre Celestial”.
La Iglesia nos anima a orar a nuestro ángel guardián, buscando la protección y guía divina que nos brinda.
La verdad sobre los ángeles
Para un racionalista moderno, los ángeles parecen fantasiosos y ficticios, otro ejemplo que demuestra que la Biblia es más mitología que realidad. Nuestra fe enseña lo contrario.
En la jerarquía de la creación, los ángeles son espíritus puros que reflejan la gloria y la luz de Dios.
Mientras que en los acontecimientos humanos los ángeles revelan el propósito de Dios, advierten del peligro, protegen del daño y luchan contra las fuerzas de la muerte.
La existencia de los ángeles explica la realidad de Satanás y los demonios, los ángeles caídos que Dios creó como buenos, pero que se rebelaron contra Él, fueron expulsados del Cielo por Miguel y permanecen en un estado perpetuo de resistencia maligna hacia Aquel que los creó.
La evidencia de las Escrituras y la experiencia de los exorcistas demuestran que el diablo no es solo una ilusión mítica de la mente humana para justificar todo el mal del mundo.
Satanás es una fuerza activa y malévola que busca alejar a la humanidad del Señor y de la salvación; él nos odia porque estamos hechos a imagen y semejanza de Dios, y por eso trabaja para arrastrarnos a la muerte y al infierno.
Pero ya nosotros conocemos el resultado glorioso de esta batalla espiritual, que ha continuado a lo largo de la historia humana y en cada alma. ¡Cristo nos ha dado la victoria mediante su muerte y resurrección!
La presencia, las gracias y los dones que los ángeles nos ofrecen son remedios sobrenaturales que nos ayudan en nuestro camino hacia el Reino de Dios.
Es por eso que damos gracias y alabamos al Señor por estos santos ángeles llenos de misericordia que nos protegen.
